miércoles, 5 de septiembre de 2012

FENOMENOLOGIA Y POSTIVISMO


 

La Fenomenología surge como respuesta al objetivismo de la ciencia positiva. Se nos revela como un retorno a las preguntas esenciales de la filosofía. Como una parte de la misma, analiza, reflexiona y estudia los fenómenos lanzados a la conciencia, a saber, las esencias de las cosas. La Fenomenología no pretende dar con los objetos, más bien con los actos intencionales involucrados. Lo que vemos no es el objeto en sí mismo, sino cómo y cuándo es dado en actos intencionados. La Fenomenología se revela como método en oposición al cartesianismo, pues este ultimo considera lo “real” como todo aquello que fuese primariamente dudado y luego pensado de manera “clara y distinta”, el sistema de referencia fenomenológico toma  por real todo aquello que es pensado  de manera “clara y distinta”, pero puesto en perspectiva temporal. La condición humana situada y fechada diría René Lourau. Husserl inicia su trabajo sosteniendo que mundo occidental se encuentra en una profunda crisis cultural, y para él, esta se debe a la propia adscripción al Positivismo. La Fenomenología emerge como crítica o negatividad reflexiva dirigida hacia los propios cimientos de la modernidad.

 

El sistema fenomenológico surge como reaccion al vacio metafísico que se constituye en una necesidad de cosificar el todo desde una explicación universalista.  En la fenomenología, los “fenómenos” se diferencian de los “hechos”, poseen la singularidad de ser “la cosa en sí”. El hecho positivo o “cosa” es un efecto de una causalidad primaria que nunca de nos devela, es una apariencia, una representación que es captada y analizada fuera del contexto de la relaciones. Los fenómenos, al ser la cosa en sí, no deberían ser extraídos de su contexto relacional, pues fuera de  él, carecen de sentido.

 

 

Desde el punto de vista institucional, el enfoque fenomenológico que las instituciones son espacios  que generan sentido, pero que a diferencia del enfoque positivista, la institución no posee un carácter externo (hecho social) al sujeto, sino mas bien que “son” porque los mismo individuos les otorgan sentido. Lo que significa una institución para la fenomenología, remite a la intersubjetividad, apartándose de la concepción objetivista positivista, que legitima una objetividad que se comporta como funcional a los sistemas de control y de orden.

Si el sistema fenomenológico pretende dar cuenta de relaciones, la institución vista como una cosa, destruye la propia intersubjetividad en su discurso.

 

La verdad habría de derivarse de los hechos y solo de los hechos, decía Saint Simon. El positivismo pretende una distancia en su llamada objetividad. Basada en la matriz dualista cartesiana sujeto-objeto, el investigador se sabe a si mismo alejado del fenómeno que observa. No hay ninguna implicancia en el. El mundo aparece como algo externo, la sociedad como algo “dado”  y anterior al  observador, como pura causalidad. El Positivismo se liberó de sus conexiones con la filosofía de carácter negativo, así como también con la economía política como raíz de la teoría social e hizo de la sociedad objeto  de una ciencia independiente. La Sociología positivista se convirtió en una ciencia mediante la renuncia al punto de vista trascendente de la filosofía crítica. La sociedad fue así considerada ahora como un complejo más o menos definido, regidos por leyes que se pretendían generales.; una esfera que habría de ser tratada como cualquier otro campo de investigación científica. Los conceptos que explican este campo de estudio habrían de derivarse de los hechos que lo constituyen, en tanto las implicaciones de largo alcance de los conceptos filosóficos quedarían excluidas. El término positivo indicaba en cierta manera un lema, un grito de batalla, a saber, la trasformación de una teoría filosófica en una teoría científica. La sociología positiva crea su propio objeto de estudio, la sociedad, la institución, evacuando la posibilidad de una idea de sujeto contenida en ella.

 

Heredero directo de esta tradición, Émile Durkheim y su “hecho social” (que aparece encarnado en las mismas instituciones), son sinónimo de regulación de lo social. Queda alienado el objeto “real” y el objeto de conocimiento. La sociología positiva pretende devolver el orden al mundo decimonónico que se ve amenazado por el fantasma de la revolución y el caos social. Lo que el sistema fenomenológico afirma es que las instituciones no son “cosas”, un objeto real y que tampoco se debería considerarlas como objeto de conocimiento.  El positivismo y su sociología crean un imaginario, un relato apoyado en una supuesta causalidad sui generis, en palabras del mismo Durkheim, que esconde su verdadera fundación, las relaciones sociales entre sujetos de sentido, que crearon dichas formas. El positivismo esconde en su naturalización del mundo social y en la formalidad de su metodología, un profundo sentido ideológico conservador del status quo de época, escondida en un imaginario que opera como recipiente de todas las voces y las subjetividades, un significante vacío, diría Lacan.  Lo que la fenomenología esboza, es que el sociólogo esta implicado, en un estado afectivo situado y fechado, que define “como” comprendemos cuando pretendemos “explicar”. “La mejor prueba de que los hechos sociales no son cosas dice Monnerot- es que su sentido cambia radicalmente según el punto de vista de los diversos grupos sociales cuyos antagonismos, en un momento dado, componen un equilibrio o un desequilibrio social, es decir, un estado de sociedad”[1] . El sistema positivo, irrumpe con la íntersubjetividad de los actores, con sus vivencias, con el tiempo que al ser o al ente, le toca vivir, al ser y sus relaciones con otros. En palabras de Merleau – Ponty : “ Se trata de comprender que la subjetividad y el objeto son un solo todo, que las vivencias subjetivas cuentan en el mundo, forman parte de la mundaneidad del espíritu, son asentadas en el registro que es el Ser, que el objeto no es otra cosa que el mechón de su sombra………..” (VI, 239).

 

 



1 Lourau, René, “El análisis institucional”, (1970), Pág. 117

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