martes, 25 de marzo de 2014

RESISTENCIAS CONTRA EL PSICOANÁLISIS

En sus génesis, el psicoanálisis se hallo con críticas y detractores provenientes de diversos ámbitos y sectores de la cultura. Por una parte la ciencia médica, que no estaba preparada o vio con escepticismo los descubrimientos de los fenómenos del psiquismo, pues  centraba sus pilares epistemológicos sobre factores físicos, consideró a esta nueva ciencia como mera especulación. Por otra parte colisiono con el paradigma positivista empirista (por razones casi obvias) en el entendido de que los fenómenos del inconsciente no pueden ser probados en un laboratorio o ser cuantificados. Desde otra esfera, la emergencia de las “Ciencias del Espíritu” y la Fenomenología, que apelaban a la existencia de un sujeto auto consciente y trascendental que se piensa a sí mismo, donde la soberanía corresponde a la propia consciencia y no al llamado “psiquismo”, representaban otro tipo de obstáculo para el asentamiento de la nueva ciencia: los filósofos “llaman psíquico sólo a lo  que es un fenómeno de  conciencia. El mundo de lo consciente coincide, para ellos,  con la extensión de lo psíquico”[1]  y finalmente la Psiquiatría,  donde los fenómenos eran reducidos a causas  somáticas, anatómicas o químicas. Esta  misma situación ocurriría con la sociedad en general, es decir, con el mundo intelectual y con el pensamiento común y la conciencia colectiva de la sociedad que le vio nacer.
Desde otra esfera (esto es lo interesante a mi juicio) y siguiendo el texto podemos afirmar que las resistencias contra el psicoanálisis están más relacionadas con el ámbito afectivo que con el intelectual,  precisamente por la importancia que juegan las pulsiones sexuales, pero que en realidad fueron malentendidas o mal interpretadas puesto que en ningún caso se referían al “esfuerzo hacia la unión de los sexos o la producción de sensaciones en los genitales, sino, mucho más, con el Eros de El banquete de Platón, el Eros que todo lo abraza y todo lo conserva”[2]. La resistencia está emplazada y fomenta  lo que Freud ha llamado “hipocresía cultural” en tanto la prohibición de la pulsiones es tan potente que no da lugar  una compensación al individuo que, en apariencia, vive en un alto nivel de eticidad, pero en realidad sufre una constante presión por las exigencias de la sociedad. La sociedad conoce esto, por eso se resiste al psicoanálisis; a que se descubra sus puntos débiles; a que salga a la luz la verdad oculta. Es necesario aclarar que no está dentro de las  ideas del psicoanálisis dejar ser libremente las pulsiones sino que regularlas de una manera más apropiada.

Si algo causa más rechazo en la sociedad, es el  incesto y que lo pretende el psicoanálisis es “descorrer el velo de la amnesia de la infancia”[3], no obstante, el Hombre no está dispuesto a aceptar bajo ningún concepto que en su pasado existieron siquiera resabios de aquello, tan sólo pensarlo; tan sólo el psicoanálisis le haga pensar en ello, experimenta la más tenaz de las resistencias.

Las anteriores formas de rechazo  tienen un carácter interno, en relación con el sujeto, pero (como si fuera poco) también debió enfrentar resistencias  externas: Primero, debido al corto tiempo de vida del psicoanálisis no se contaba con lugares donde se diera a conocer esta técnica, situación que mejora con la creación, en  1920, de la Policlínica psicoanalítica e Instituto de enseñanza de Berlín y posteriormente, en 1922, se replica la experiencia en Viena, y segundo, dado el contexto social e histórico, es probable que las resistencias estuvieran relacionadas con el nunca acabado antisemitismo europeo dado  que el gestor del psicoanálisis fuera de origen judío, y si bien es cierto  no hubo declaraciones explicitas  al respecto, no puede descartarse que haya jugado un rol  de importancia. Sólo basta recordar la quema de los libros de Freud en el advenimiento del III Reich por motivos  mi juicio variados, por una parte el origen semita de Freud, por otro lado la importancia que el psicoanálisis le otorgó a lo sexual (perversión para el nazismo) y por último el carácter ilustrado de la razón que se pone en juego en esta nueva ciencia, considerado corrupto del espíritu para los ideólogos de Hitler o para el pangermanismo anterior a su ascenso.

Desde otro plano podemos plantear que el hombre se siente tan humillado, que ya no está dispuesto a aceptar otra ofensa: para comenzar, como amo y señor del universo, vino la humillación “cosmológica” cuando Copérnico le hizo ver que la Tierra  no era el centro del universo y que el Sol no giraba en torno a ella, sino al revés , luego, como “amo de sus semejantes animales”[4], llega la humillación “biológica” con Darwin, quien le dice que desciende de un animal, que no es distinto a un animal y por último, la  humillación “psicológica”, con Freud y el psicoanálisis que le dice “al yo: no estás poseído por nada ajeno; es una parte de tu propia vida anímica a la que se ha sustraído de tu conocimiento y del imperio de tu voluntad”;  le dice que hay algo dentro de sí, el inconsciente, de lo cual no ha tenido noticias y que no puede manejar a voluntad, ya no es auto-transparente, hay algo en él que desconoce y que no puede dominar y peor aún, que es su culpa estar en esas condiciones por sofocar de manera indiscriminada sus pulsiones. Tomando la experiencia de los dos primeros casos, como planteara Freud, “a la larga nada puede oponerse  a la razón y la experiencia”[5]. Claramente, de lo antedicho provienen las dificultades y resistencias al psicoanálisis cuyo  camino no será un fácil ni breve, de hecho en la actualidad aún debe enfrentar   críticas y detractores de los más variados ámbitos sean estos teóricos, discursivos o culturales.





[1] Ibíd.  Pág. 230
[2] Ibíd. Pág. 231
[3] Freud, S. “Las resistencias contra el psicoanálisis”, año 1924. Pág. 234
[4] Freud, S. “Una dificultad del psicoanálisis”,  año 1917, Pág. 132
[5] Freud, S. “El porvenir de una ilusión”, año 192. Pág. 53

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